Y lo digo en serio, quiero que entréis al trapo porque es un problema que
nos afecta a todos. Porque estoy harto de ver a gente tomando partido sin
pensar qué está haciendo, yo el primero.
Lo que viene a continuación es mi diagnóstico. Leerlo os llevará unos
veinte minutos a buen ritmo, así que paciencia. Intentaré ser ameno.
Tenemos una crisis de crédito enorme, que se ha llevado por delante un
tercio (no sé la cifra exacta) de nuestro sector financiero. Las causas me
parecen bastante claras, pero se remontan a hace un par de décadas, cuando
España era la China de Europa. Sí, cuando en España casi todas las
multinacionales tenían una fábrica porque había unas infraestructuras
razonables, mano de obra barata y cercanía a la primera zona de consumo
mundial. Pero nos fuimos haciendo ricos y perdimos competitividad porque nunca
se nos ocurrió tener nuestras propias fábricas, o por lo menos industrias
derivadas competitivas capaces de sobrevivir cuando desaparece la fábrica
matriz. Cuando la etapa dorada industrial se acabó, el PIB empezó a bajar. Eso
era un problema, porque estábamos metidos en el proceso de convergencia
europea. La solución fue ponernos a construir como locos a base de meter
dinero a punta pala. Para ello el estado privatizó casi todo lo que pudo para
hacer obra pública, se pidió a los bancos y las cajas que usaran todo el
dinero para financiar constructoras y se dio crédito a todos quienes se
creyeran eso de que si no tienes casa en propiedad eres un vagabundo. Todo
eso, obviamente, empeoró el estado de las redes clientelares que ya estaban
establecidas. Donde había una empresa pública, aparecieron cuarenta; donde
había una comisión, aparecían viajes a Bahamas. Florecían los políticos
con la mano en la caja y los constructores.
Luego llegó el año 2008, el año de la crisis financiera mundial. La mayoría
de los bancos de inversión mundiales se pegaron una leche de campeonato. De
las peores. Esto les obligó a reestructurarse. Francia y Bélgica perdieron un
pastón por Dexia, e Inglaterra hizo lo suyo con RBS. Justo ahora nos hemos
enterado que si Deutsche Bank no hubiera mentido a propios y extraños con su
exposición a activos tóxicos (equivalente al PIB anual de España), Alemania
hubiera tenido un problema de los gordos. A partir de lo que pasaba en EEUU,
bancos y naciones apretaron los dientes y el culo, metiendo un montón de
dinero para evitar lo que nos ha sucedido aquí: tener que desmantelar una
parte importante del sector financiero.
Por aquí estábamos en la España de la financiación barata, una economía
europea que crecía al 3% era un caramelo, así que decidimos gastarlo todo en
cosas que no íbamos a necesitar hasta dentro de cincuenta años: ciudades
enteras en páramos manchegos, monumentos faraónicos, infraestructuras para
mover a nadie de un sitio inhóspito a otro inhabitado... La Ciudad de las
Ciencias y las Artes de Valencia nos ha costado un total de 1100M€, un
1% de nuestro gasto público anual.
La situación económica era, por supuesto, un cartucho de dinamita esperando
que alguien le encendiera la mecha. La mecha fue, precisamente, la caída de
la demanda después de la crisis financiera. Todo el mundo necesitó dinero,
así que liquidaron inversiones y fueron más cautos al hacerlas. Antes que
ese proceso empezara, cuando el crédito aún fluía de manera transitoria, el
sector bancario español vendía la historia que sus beneficios y sus reservas
eran suficientes como para no reestructurarse y sobrevivir al
temporal. Ahora algunas de
estas declaraciones
nos parecen ridículas, pero en su día nos las tragamos. También se las
tragó nuestro gobierno, al que conveniceron que no era necesaria la
reestrucutración bancaria que todos los países de la zona euro estaban
haciendo para tapar el agujero de los excesivos riesgos
financieros. Pidieron un acto de fe prometiendo que nuestro cartucho de
dinamita no prendería jamás. Y mintieron. Quizás nos mintieron a sabiendas
o se mintieron a si mismos, pero nos mintieron. Y eso ha provocado
consecuencias aún peores.
Yo creo que en muchos casos mintieron porque los responsables, esos
políticos con la mano en la caja, creían que la reestructuración se los iba
a llevar por delante. Su celo fue tal que en algunos casos llegaron a
cometer un delito. Todos pensaban que podían sobrevivir a una
reestructuración necesaria, de la que hablaré dentro de unos cuantos
párrafos.
Cuando tu economía entra en caída libre te da igual que el crédito que te
hayan dado sea barato, lo tienes que devolver igual. Y eso es una muerte
lenta o rápida en función de cómo te hundas y los intereses que te
impongan. En nuestro caso fue rápida porque habíamos gastado ese dinero en
consruir cosas que nadie quería y que no daban nada a cambio. Llegó la
crisis y empezamos a barruntar qué hacer con ella. Y ahí fue cuando nos
metimos en el circo en el que estamos. Un circo en el que ni políticos, ni
economostas ni pitonisos parecen dar pie con bola.
Para poner más contexto, recordad que la crisis llegó tras bañarnos en
dinero, lo que nos dio la sensación que la liquidez fluía de manera natural,
del mismo modo que fluye el agua en un arroyo. Esto hace que en los márgenes
crezcan tanto árboles, que dan sombra y fijan el suelo, como malas
hierbas. España es un país donde la educación real es pésima, con un fracaso
escolar escandaloso y con una educación secundaria que es el horror de los
países civilizados. Y donde la educación superior tampoco es una maravilla,
donde un montón de chavales se apelotonan en universidades públicas
masificadas y difícilmente financiadas o que pagan por un título en una
privada sin aprender prácticamente nada. Hay honrosísimas excepciones, pero
no son estadísticamente relevantes. Esto ayuda a que uno consiga prosperar
más fácilmente mediante el clientelismo y el tráfico de influencias que
mediante el esfuerzo y el trabajo. Uno de los peores escándalos políticos de
Alemania en los últimos años ha sido el del plagio de tesis doctorales por
parte de altos cargos de la administración. Porque en Alemania, para ser
político, cuenta y mucho tener un doctorado. En España aún no hemos
conseguido elegir a un presidente del gobierno que hable más de un
idioma. En consecuencia, esta red clientelar cuasicorrupta que tenemos
enquistada es esencial para la subsistencia de una enorme cantidad de
familias, algunas de ellas con mucha solera e históricamente
adineradas. Florecen gracias a las administraciones que tenemos por
cuadruplicado, que ahora ya no podemos mantener, y a los antiguos monopolios
públicos que nunca se desprendieron del control político.
Para algunos parece claro que lo que necesita el país, independientemente
de las crisis, es hacer por fin la transición de una sociedad posindustrial
a una sociedad basada en la tecnología y el conocimiento, pero este ideal ha
sido completamente barrido por la crisis. Es un cambio conceptual y su
viabilidad implica un cambio de modelo de sociedad y de estado. No es sólo
meter pasta y contratar científicos. Y hacerlo viable requiere sacrificios
que muchos no están dispuestos a asumir. Si el 20% de la población se dedica
al sector de la construcción, la democracia te dirá que es fantástico que un
albañil cobre más que un ingeniero industrial. Así era nuestro país en 2006,
y como colectivo no veíamos nada malo en ello. A pocos se les ocurrió que
esto era una locura y que nos iba a llevar a la situación en la que estamos
si no reestructurábamos partes esenciales de nuestro modelo
productivo. Ahora algunos idealistas de izquierdas mencionan este cambio
como si los albañiles pudieran ponerse a delinear planos con Catia de la
noche a la mañana. Menciono la reestructuración por segunda vez, para seguir
habando de la crisis.
No llegas a una crisis tan terrible si no se te junta todo. La crisis
subprime afectó a todo el mundo, pero los bancos tienen mecanismos para
subordinar las pérdidas y que la situación no derive en una tragedia. A
nosotros se nos juntó con una economía puramente basada en el crédito que
requiere poco trabajo cualificado (la construcción) y un nivel de gasto
supérfluo (obra pública) enorme. Sumémosle una administración dividida y
sobredimensionada con una capacidad innata a no ponerse de acuerdo y un
sector industrial en eterna depresión. Eso es equivalente a bajarse los
pantalones y pintarse una diana en el culo.
Entonces, cuando los países estaban en lo más duro de la reestructuración
bancaria, la economía española se paró, elevando el paro hasta cotas
históricas. Porque, desde hace 20 años, España jamás se ha caracterizado por
su empleo cualificado, por muy buena reputación que tengan sus economistas e
ingenieros fuera, el trabajador español es un commodity. Cualquier economista
sabe que, cuando sube el paro, el gasto público aparece por el horizonte, y
todos los inversores empezaron a sospechar que nuestra economía basada en el
crédito no sería capaz de devolver el dinero, lo que hizo que nuestra prima de
riesgo se disparara.
El resultado es un fallo colectivo, en el que no fuimos capaces de ver más
allá de tener una casa enorme y un coche comprado a crédito, que es la
ilusión del probre que quiere jugar a rico. Tampoco fuimos capaces de ver
más allá de las IBEX con ansias de expansión internacional fuertemente
subsididadas por dinero público que han sido incapaces de competir
realmente, que es la ilusión del empresaurio que se cree un estadista.
Pero todo esto ya no tiene remedio. Ahora la crisis es una realidad y hay
que encontrar la manera de que no se nos lleve por delante.
Para resumir las medidas anticrisis que se han tomado, primero hablaré de
las dos medidas que se pueden tomar en teoría, por qué no se ha optado por
ninguna de las dos, qué se ha hecho en la práctica y qué se nos pide
que hagamos en el futuro. Os adelanto que de cambio de modelo productivo,
nada de nada. Porque todos los gobiernos siempre basan sus políticas en
crisis y medidas de urgencia.
Primero la famosa teoría "keynesiana", que dice que cuando el crecimiento
económico se hace negativo uno debe aumentar el gasto y reducir los
impuestos para reactivar la actividad económica. Esto se puede hacer de
varias maneras: gastando el dinero que se tiene en caja, liquidando el
estado, pidiendo crédito o imprimiendo más moneda.
La primera opción es imposible, porque nos hemos quedado sin un duro. Nos
ha pasado porque hemos tenido que pagar el paro de un montón de gente,
reestructurar nuestro sector financiero, arreglar los desaguisados de un
montón de empresas eternamente subsidiadas... No hay dinero en caja.
He oído una alternativa por parte de muchos de los intelectuales más
libertarios y los más ladeados a la izquierda (qué curioso que dos bandos
opuestos coincidan en eso) que es lo de dejar quebrar a los bancos
ruinosos. Asumir que todo lo que tienen es basura, echar a los empleados al
paro y mandar a sus directivos a galeras. Esto es mala idea por muchos y
diversos motivos, pero especialmente porque te expone a riesgos sistémicos
incontrolables. Cuando tienes que rescatar un banco, sabes más o menos
cuánto te va a costar. Cuando liquidas un banco sabes que desatarás una
tormenta de la que desconoces completamente las consecuencias. ¿Os acordáis
qué encendió la mecha de todo? La excesiva exposición a los riesgos
sistémicos. Así que si nos ponemos a liquidar bancos nos iríamos paseando
con una tea encendida por un polvorín. Te puede salir bien, pero si das un
paso en falso te cepillas la economía del país sin remedio. ¿Acaso alguien
espera que un político tome una decisión así?
Liquidar el estado es la medida preferida de quienes se verán directamente
beneficiados por el chiringuito que es la administración pública. Ha pasado
antes, y volverá a pasar. Las privatizaciones en España, como prácticamente
en todo el mundo, se hacen beneficiando la red clientelar que orbita a los
políticos de los partidos mayoritarios. Especialmente en un sistema
bipartidista. Esto convierte un sistema que era barato para todo el mundo en
un negocio para quienes reciben el regalo. Esto implica un sobrecoste para
los ciudadanos de modo que esta medida es un espejismo, es equivalente a
subir los impuestos e inyectarlos a base de subvenciones. De un modo pagas
si estás enfermo, del otro todos pringamos con el IVA, o algo parecido. De
un modo te sube la factura del agua y del otro te sube el tramo autonómico
del IRPF. El hecho que no aumente los ingresos del estado es un espejismo,
simplemente lo rodea para subvencionar a los amiguetes. El problema de esta
medida es que, mientras uno siempre puede bajar los impuestos, para
desprivatizar una empresa hay que pagarla otra vez a los amiguetes. Las
redes clientelares ganan cuando hay dinero, y ganan también cuando no lo
hay.
La otra manera de poder subir el gasto sin aumentar los ingresos es
pidiendo más crédito, pero los intereses son siempre un problema de
confianza, del mismo modo que el banco te da una hipoteca si se fía de ti. O
por lo menos eso es lo que debería suceder. La deuda se mide en porcentaje
del PIB, y los intereses no están correlados con la deuda en unidades de PIB. Países como Japón tienen deudas del 200% de su PIB, pero se financian a un interés relativamente bajo porque tienen un
buen historial de pagos. España es el caso opuesto, con una deuda
relativamente baja llegamos a pagar unos intereses monstruosos. Porque los
intereses, al igual que las cotizaciones en bolsa, tienen que ver con el
valor marginal de las cosas. Los intereses se ponen en función del riesgo
que asumen para el último crédito que te dan, y en eso hay que tener en
cuenta muchos factores. Entonces quienes dicen que se puede subir el gasto
bajando los ingresos ignoran que los dos factores están acoplados por los
intereses de la deuda. Y algunos de los que olvidan ese factor son
Catedráticos de Economía (no veáis
el vídeo entero, que es un desastre). Esta es, por ejemplo, una de las
estrategias de EEUU para adoptar este tipo de medidas (muy a pesar de los
republicanos), junto con la que viene ahora.
La cuarta estrategia es la de imprimir más moneda. Bueno, en realidad me
refiero a cambiar la política monetaria. Es lo que hacen las economías
cuando no crecen y tienen total soberanía financiera. Aqui tenéis
una tabla con los tipos de interés a
corto plazo que ofrecen distintos bancos centrales. Este es el tipo de
interés mínimo, de modo que si hay mucha demanda, el tipo puede ser más
alto. Depende de la cantidad de dinero que estés dispuesto a "crear". Cómo
fijar este tipo de interés suscita guerras sangrantes entre expertos en
política monetaria, porque aún se está discutiendo si este parámetro es
capaz de cambiar la inflación o de ser un estímulo económico. El tipo de
interés más bajo es el de Japón y EEUU. El de la zona euro es más alto, pero
tampoco es ninguna locura. El de los países emergentes es alto, porque
quieren controlar su inflación. La cuestión es que empezar a regalar dinero
a los bancos creándolo de la nada y devaluando la moneda hace a todos los
que poseen esa moneda más pobres inmediatamente, porque hay más moneda. Es
una manera indirecta de financiar a los bancos, pero no te das cuenta porque
tu saldo en tu cuenta corriente es exactamente el mismo. Pero cuando vas a
la tienda ves que todo es más caro porque hay más dinero y cambia la
relación entre dinero y riqueza. Bajar los tipos de interés, por ejemplo,
aumenta la inflación. El problema es que los alemanes van a tolerar un tipo
de interés al 0% por encima de su cadáver. Por este motivo el mandato del
Banco Central Europeo es el de contener la inflación. Los ricos no quieren
ser más pobres por ayudar a las economías más necesitadas porque argumentan
que cada uno debe ser responsable de sus propios desastres. En cambio los
americanos prefieren dar un trabajo a la gente aunque implique pagarles una
miseria por ello. Su inflación durante la etapa más dura de la crisis
subprime pasó
del 5%, lo que es una auténtica monstruosidad para una economía del
primer mundo. Simplemente estaban imprimiendo billetes como
posesos. Alemania prefiere dar dinero a tocateja dejando que el BCE compre
deuda española en el mercado secundario y pagar la factura a dejarnos tocar
los interruptores de la política monetaria. Y lo entiendo.
Conclusión, que no se puede hacer así. De modo que, junto con el aumento
de gasto, ha llegado un aumento en los impuestos. Prácticamente en
todos. Las famosas medidas "keynesianas" no aplican a nuestro caso y
punto. Dejad de soñar.
Luego estan las políticas llamadas de "austericidio", palabra de
connotaciones negativas que hemos acuñado en España porque creemos que la
austeridad nos la imponen sin que tengamos culpa de nada. La teoría es la
de reducir el gasto, pagar las deudas, pasarlo mal unos años y reiniciar la
economía a partir de las reformas necesarias para la reducción de
gasto. Esto implica subir los impuestos, liberalizar el mercado de trabajo,
reducir las pensiones y las subvenciones, bajar los sueldos
públicos... Esto ha dado la sensación que lo que ha sucedido realmente es
que el gasto público se ha reducido de manera práctica, ahogando la
economía y destruyendo la sociedad española. Bueno, por lo menos esto es lo
que dicen algunos.
Pero los responsables de esta cantinela no han hecho ni siquiera el
ejercidio de comprobar si lo que dicen es verdad.
Source:
tradingeconomics.com
Se ha recortado por un tubo, eso es verdad, pero no se ha reducido el
gasto. Ha aumentado para seguir pagando el coste que implica tener un estado
funcional. Y os recuerdo que en 2007 estábamos en teoría haciendo de
faraones, levantando mausoleos sin parar. Además se han hecho cosas que
también son en el fondo aumentar los gastos, aumentando el riesgo de las
inversiones del estado, como lo de poner el dinero del fondo de reserva de
pensiones en deuda del estado. Y el gasto ha crecido porque uno no quiere
que haya una revolución, porque las revoluciones son un riesgo sistémico,
son impredecibles, y por tercera vez os recuerdo por qué estamos en esta
situación.
Conclusión, ni keynesiano ni austericídico. Hemos hecho lo que buenamente
hemos podido, tarde y mal. Como siempre.
La pregunta en este momento de la crisis debería ser otra. Si la economía
española va tan mal como para convertirse en un riesgo sistémico... ¿Por
qué no nos rescatan y punto? De acuerdo, nosotros no podemos pagar la
factura porque cuando lo hemos intentado se nos ha visto el plumero. Pero
siendo un riesgo para Alemania, y pudiendo rescatar a bancos por lo mismo,
podrían firmar un enorme cheque y listos.
El problema es que esto no resolvería ninguno de los problemas que nos han
llevado a esta situación. ¿Os acordáis? Todo empezó porque llegó dinero
regalado y se canalizó sin producir nada. Ahora llegaría y se perdería en
las cloacas del estado, y con algo de suerte aliviaría la situación de
quienes están pasándolo peor. Pero no hay ninguna garantía que no
tiraríamos el dinero otra vez alicatando Almería con hoteles y chalés a
primera línea de playa. Ya ha pasado y puede volver a pasar. Os recuerdo
que tenemos muchos parados que lo único que saben hacer es constuir
cosas. Incluso permitir todas estas aberraciones sería algo bien visto en
tal situación de "emergencia nacional".
Si los que tienen el dinero ahora supieran que vamos a hacer algo de
provecho con él lo harían encantados, porque entonces sería un buen
negocio. Pero la prima de riesgo nos manda un mensaje diáfano que parece
que no entendemos: no se fían de nosotros.
El tópico de estos años de que "hay que recuperar la confianza" es cierto,
pero en un significado distinto del que le ha dado nuestro gobierno de
derechas. Uno no genera confianza demostrando que puede tener mano dura
ante los recortes. Creo que vamos, a pesar de los políticos, hacia un
escenario de mayor confianza. Pero queda aún un trecho para llegar a
niveles aceptables para una democracia occidental.
Lo primero es arrancar las malas hierbas. Uno de los principales
indicadores para la inversión exterior es el nivel de corrupción
institucional. En España ha sido históricamente muy alto y llega hasta las
altas esferas de los partidos mayoritarios. El PP cobraba comisiones
ilegales y el PSOE se repartía dinero de los fondos regionales al
desempleo. Y todo esto sucedía porque nos daba igual, total el dinero fluía
como agua por el arroyo. En eso vamos por el buen camino. Se ha dado un
toque de atención a los partidos mayoritarios diciéndoles que su impunidad,
por lo menos desde el punto de vista del votante, se está acabando. Incluso
puede ser que empapelemos a un miembro de la familia real. Esto es un cambio
de actitud hacia un mayor nivel de responsabilidad civil, que siempre es
buena. Pero la responsabilidad no es necesariamente queja, uno necesita
ciertos mecanismos funcionales para pedir responsabilidades. Empieza por la
noción de que quien está robando al estado está robando a todos y termina
con unos medios de comunicación capaces de denunciar casos por su gravedad y
no en función del partido que apoye. Estamos lejos, pero más cerca de lo que
hemos estado nunca.
Lo segundo es entender que todo este proceso implica enormes
sacrificios. Nuestro modelo de crecimiento ha muerto. Es posible que ya no
encontremos quien esté dispuesto a pagar la orgía de gasto en la que nos
vimos metidos. Esto significa que un albañil de 45 años es posible que no
vuelva a trabajar, por lo menos de albañil, nunca más. Incluso es probable
que no vuelva a trabajar de nada si no se busca la vida de otra manera, se
pira a Chile o Méjico. ¿Tenemos que buscarles trabajo de lo suyo cuando
cientos de miles de jóvenes cualificados se piran para encontrar un futuro
que les permita formar una familia? Que nadie me malinterprete, no hay que
desamparar a nadie. No hay que condenarles a la indigencia y hay que
pagarles un subsidio que les permita vivir dignamente si no pueden. Y toda
la formación gratuita que deseen. Pero tampoco hay que crear una industria
de la nada, subvencionarla para que sobreviva sin ser rentable y fingir que
todo esto es sostenible. Porque cuando se hace esto, y os lo recuerdo por
cuarta (he perdido la cuenta ya) vez, cada vez que se suelta pasta a
montones hay malas hierbas que se forran a nuestra costa.
Aquí me gustaría mencionar a los revolucionarios que vienen con el pack
de izquierdas: lucha obrera, industria nacionalizada y ateísmo. No
entiendo cómo pueden ser ateos y creer que existe el Cielo de la utopía
socialista en la Tierra. Su ideología es en sí un acto de fe. Cuando uno
asimila que el ser humano no tiene ninguna trascendencia, lo que implica
la capacidad de huír de la desesperación más absoluta, debería asimilar
más fácilmente que la vida es simplemente injusta y que uno debe hacer
sacrificios que no siempre son personalmente asumibles. Me parece una
contradicción como la copa de un pino. A mi modo de ver, cada vez que
agarran un megáfono y piden algo imposible dirigiéndose a los suyos, en
realidad están rezando.
Sin querer estamos conviertiendo nuestra financiación en algo un poco más
serio. Tened en cuenta que si ahora el presidente de la Comunidad Valenciana
quisiera construir un estadio olímpico, ya no podrá ir a la CAM, o a Banco
de Valencia para simplemente coger el dinero. Tendrá que negociar con el
consejero delegado de Banc de Sabadell, o con el de La Caixa, que
probablemente se reirán en su cara y le mandarán de vuelta a su casa. La
financiación barata había convertido todo nuestro sector financiero en un
circo, y está bien que las vacas flacas acaben con él. Por lo menos durante
un tiempo.
De lo que estamos más lejos es de encontrar un sistema más meritocrático
donde la educación y el trabajo estén por encima del arribismo, esencial
para que un cambio de modelo de crecimiento sea viable. Esto es difícil
porque significa desafiar siglos de inercia por la que no valoramos la
educación. Sólo en este país he oído a jóvenes preguntándose si realmente
merecía la pena estudiar. Que un universitario tenga que hacerse esta
pregunta demuestra que un país se acerca a un fracaso colectivo. Estudiar
debe ser mejor que no estudiar. Y trabajar debe ser mejor que no trabajar. Y
este no ha sido nunca una cuestión de izquierdas contra derechas porque
ninguna de las dos tendencias, después de más de diez reformas educativas,
parece tener la más remota idea de qué significa la educación para ellos. Y
no es sólo un problema del sistema bipartidista, cualquier otro partido lo
haría igual de mal o peor. Porque uno realmente entiende para qué sirve
estudiar cuando aterriza en una sociedad (no tiene por qué ser un país) más
meritocrática. Y en muchos casos uno se queda ahí, porque la mera idea de
volver a esta España endogámica y proteccionista produce un intenso
escalofrío.
Cualquier solución que se me ocurre ante este problema es irrealizable o
tendría efectos secundarios igual de nocivos. Tengo muy poca fe en que se
produzca un cambio real en esto, tan poca que creo que sería mejor rezar que
esperar a que suceda algún día. Y eso que soy agnóstico.
Hay que terminar la cultura de los subsidios a empresas. Uno puede
subsidiar ciertos sectores por motivos estratégicos inviables como la
agricultura, el desarrollo tecnológico o la producción de energía. Pero de
esto se encarga quien tiene dinero, que es la Unión Europea. Subvencionar de
manera prolongada una empresa la hace dependiente de la fuente de
financiación, y cuando ésta desaparece, se lleva la empresa por
delante. También llama mucho la atención a mangantes que atacan al gobierno
con la música del "si no me lo pagas no lo voy a hacer, pero si me lo pagas
crearé X puestos de trabajo para personal cualificado". Quizás un caso
palmario de este caso es Gamesa. Esto no implica que esté en contra de las
ayudas públicas porque sería ser idiota. Todos los paises tienen sectores
estratégicos e invierte en ellos como colectivo. A nadie se le escapa que
una empresa sin ningún tipo de ayuda tiene las de perder cuando la
competencia recibe apoyo institucional. Y cuanto más grandes son las
empresas, más dinero recibirán, como es el caso del sector aeronáutico. Un
subsidio parece una mala idea, quizás un crédito parece mejor
solución. Pongamos por ejemplo un crédito al 0%. Si la empresa pretende
crecer a partir de ese crédito no tendrá ningún reparo en aceptarlo. Tampoco
hay que devolver el dinero porque puede pedir otro crédito, si realmente ha crecido no tendrá
problemas para seguir financiándose a un interés bajo.
Esto es lo que creo, y quiero vuestra opinión. Siempre prefiero estar
equivocado a tener razón, que es muy aburrido.