Space Oddity

Música

Aunque para que no lo hayáis visto ya, tenéis que vivir en Marte. O más lejos.

Por cierto, Chris Hadfield ya ha vuelto al planeta Tierra.

Por guillem  |  mar 14 May 2013 10:39  |  1 Comentarios, Comentar...  | 

La generación Y

Pienso lo que me da la gana

Esta entrada es sobre los sueños y las expectativas, y contra el confortable conformismo.

Deambulando por Internet he descubierto, con cierta preocupación, que no tengo generación. Mejor dicho, que dependiendo del sociólogo que me crea, formo parte de la generación X o la generación Y. Y eso me genera un problema existencial.

Veréis, los de la generación X son todos unos máquinas. Son los nacidos tras la consolidación del New Deal, antes de la contaminación, el marketing y la lobotomía de los medios de comunicación de masas. La primera generación que fue de forma masiva a la Universidad. La mejor generación de la historia de la humanidad. Son, según la mayoría de los autores, los nacidos durante los setenta hasta principios de los ochenta.

Sin embargo los de la generación Y son todos un hatajo de vagos conformistas. Una generación de comemierdas que han ido a la Universidad porque no hay nada mejor que hacer, aún es barata y les sirve para aparcar su culo durante mínimo cuatro años. Como lo tienen todo, y creen que lo tendrán toda la vida, prefieren quedarse en el paro y chupar de sus padres en vez de deslomarse en un trabajo de mierda. Unos desgraciados, vamos. La generación Y comprende todos los nacidos desde principios de los ochenta.

Y yo, nacido a principios de los ochenta, siento incertidumbre y desasosiego. No sé si sentirme un JASP (Joven Aunque Sobradamente Preparado) o un JASP (Joven Aunque Seguramente Parado).

Cuando los de la generación X eran niños soñaban con ser astronautas, músicos, deportistas de élite... En cambio los de la generación Y soñaban seguir comiendo bollería industrial y seguir jugando a la consola el resto de sus días. Todos andan preocupados por esta generación que será incapaz de mantener el mundo girando en el sentido correcto. En vez de darle a la manivela, decidirán tuitear sobre esas nuevas zapatillas color pistacho, el mundo se parará y moriremos todos.

O algo parecido.

¿Qué hago? ¿Me voy a la generación X y sigo currando como un burro? ¿O por el contrario elijo la generación Y, vuelvo a casa de mis padres y me apunto al paro?

Podría considerarme parte de la generación X. Tengo unos buenos estudios, un buen currículo, un trabajo interesante... Pero podría considerarme parte de la generación Y porque no he conseguido un trabajo acorde con mis expectativas, tengo muy poco dinero en mi cuenta corriente y probablemente tenga que emigrar para conseguir formar una familia con ciertas garantías económicas.

Quizás lo que pasa es que la humanidad involuciona, la disgenesia es real y cada generación es peor que la anterior. Porque la generación X no le llega a la suela del zapato a la generación de la transición, que luchó contra la dictadura y construyó un país que parecía destinado al desguace después de años de oscuridad. Aunque bien mirado, es la misma generación que consolidó la destrucción de la biosfera, nos vendió que una transición en la que no se juzga a ningún responsable es una maravilla, hipotecó gravemente el futuro económico del país y sus componentes son incapaces de mantener un puesto de trabajo más allá de los 50 en un mercado laboral abierto.

Esta es la primera vez que se califica una generación entera de acomodada y conformista. Una generación sin sueños, porque como ya lo tiene todo, no tiene por qué soñar nada.

Ya que puedo elegir, elijo la generación Y. Y pensaréis que soy bobo y que esta mañana me he puesto droja en el colacao. Primero, soy más de Nesquik. Segundo, elijo la generación Y porque es la generación que aún no ha fracasado. Todas las anteriores lo han hecho. Ninguna ha sido capaz de cumplir las expectativas. Siempre han dejado más problemas de los que se encontraron, y los han ido barriendo debajo de la alfombra sin afrontarlos realmente porque es mucho más fácil dejarlos para las generaciones venideras. Siempre se ha sido hipócrita con el presente para poder ser iluso con el futuro. Prefiero ser de una generación de la que nadie espera nada porque los problemas que hereda son tan profundos que se creen irresolubles. Así quizás pueda tomarme en serio lo de hacer algo por los demás en vez de regodearme de lo sobradamente preparado que soy y de lo idiotas que son los canis nacidos en los noventa.

Prefiero ser de una generación más joven, porque si no te ves joven no puedes creer que te queda mucho por hacer. Y que les den por el culo a los que me digan que tengo complejo de Peter Pan.

Por guillem  |  sáb 11 May 2013 19:09  |  6 Comentarios, Comentar...  | 

Viernes. ¿Soy gilipollas?

Poesía

Y aquí el mensaje. Por si queréis usarlo.

Seguro que existe el conjunto no vacío de personas en el mundo que cree que soy gilipollas.

Si por lo que sea ese conjunto se intersecta con las personas que leen este blog, lo siento mucho.

Por guillem  |  vie 10 May 2013 14:06  |  0 Comentarios, Comentar...  | 

Pep

Blog

Creo que Guardiola ha demostrado ser muy inteligente.

  1. Pilla el mejor momento de una plantilla irrepetible y acierta con todas las decisiones impopulares
  2. Huye al mínimo atisbo de conflictos sin aplicar nunca medidas que le pasen factura.
  3. Se va un año sabático al upper east side a disfrutar el cogollo cultureta mundial.
  4. Acepta un trabajo en Alemania sin toda la presión mediática de España, pasa página y se olvida de la etapa anterior como si nunca hubiera sucedido.
  5. Profit.
Es mi ídolo, y no me refiero al futbol.
Por guillem  |  lun 06 May 2013 22:50  |  1 Comentarios, Comentar...  | 

Quiero discutir sobre la crisis

Economía

Y lo digo en serio, quiero que entréis al trapo porque es un problema que nos afecta a todos. Porque estoy harto de ver a gente tomando partido sin pensar qué está haciendo, yo el primero.

Lo que viene a continuación es mi diagnóstico. Leerlo os llevará unos veinte minutos a buen ritmo, así que paciencia. Intentaré ser ameno.

Tenemos una crisis de crédito enorme, que se ha llevado por delante un tercio (no sé la cifra exacta) de nuestro sector financiero. Las causas me parecen bastante claras, pero se remontan a hace un par de décadas, cuando España era la China de Europa. Sí, cuando en España casi todas las multinacionales tenían una fábrica porque había unas infraestructuras razonables, mano de obra barata y cercanía a la primera zona de consumo mundial. Pero nos fuimos haciendo ricos y perdimos competitividad porque nunca se nos ocurrió tener nuestras propias fábricas, o por lo menos industrias derivadas competitivas capaces de sobrevivir cuando desaparece la fábrica matriz. Cuando la etapa dorada industrial se acabó, el PIB empezó a bajar. Eso era un problema, porque estábamos metidos en el proceso de convergencia europea. La solución fue ponernos a construir como locos a base de meter dinero a punta pala. Para ello el estado privatizó casi todo lo que pudo para hacer obra pública, se pidió a los bancos y las cajas que usaran todo el dinero para financiar constructoras y se dio crédito a todos quienes se creyeran eso de que si no tienes casa en propiedad eres un vagabundo. Todo eso, obviamente, empeoró el estado de las redes clientelares que ya estaban establecidas. Donde había una empresa pública, aparecieron cuarenta; donde había una comisión, aparecían viajes a Bahamas. Florecían los políticos con la mano en la caja y los constructores.

Luego llegó el año 2008, el año de la crisis financiera mundial. La mayoría de los bancos de inversión mundiales se pegaron una leche de campeonato. De las peores. Esto les obligó a reestructurarse. Francia y Bélgica perdieron un pastón por Dexia, e Inglaterra hizo lo suyo con RBS. Justo ahora nos hemos enterado que si Deutsche Bank no hubiera mentido a propios y extraños con su exposición a activos tóxicos (equivalente al PIB anual de España), Alemania hubiera tenido un problema de los gordos. A partir de lo que pasaba en EEUU, bancos y naciones apretaron los dientes y el culo, metiendo un montón de dinero para evitar lo que nos ha sucedido aquí: tener que desmantelar una parte importante del sector financiero.

Por aquí estábamos en la España de la financiación barata, una economía europea que crecía al 3% era un caramelo, así que decidimos gastarlo todo en cosas que no íbamos a necesitar hasta dentro de cincuenta años: ciudades enteras en páramos manchegos, monumentos faraónicos, infraestructuras para mover a nadie de un sitio inhóspito a otro inhabitado... La Ciudad de las Ciencias y las Artes de Valencia nos ha costado un total de 1100M€, un 1% de nuestro gasto público anual.

La situación económica era, por supuesto, un cartucho de dinamita esperando que alguien le encendiera la mecha. La mecha fue, precisamente, la caída de la demanda después de la crisis financiera. Todo el mundo necesitó dinero, así que liquidaron inversiones y fueron más cautos al hacerlas. Antes que ese proceso empezara, cuando el crédito aún fluía de manera transitoria, el sector bancario español vendía la historia que sus beneficios y sus reservas eran suficientes como para no reestructurarse y sobrevivir al temporal. Ahora algunas de estas declaraciones nos parecen ridículas, pero en su día nos las tragamos. También se las tragó nuestro gobierno, al que conveniceron que no era necesaria la reestrucutración bancaria que todos los países de la zona euro estaban haciendo para tapar el agujero de los excesivos riesgos financieros. Pidieron un acto de fe prometiendo que nuestro cartucho de dinamita no prendería jamás. Y mintieron. Quizás nos mintieron a sabiendas o se mintieron a si mismos, pero nos mintieron. Y eso ha provocado consecuencias aún peores.

Yo creo que en muchos casos mintieron porque los responsables, esos políticos con la mano en la caja, creían que la reestructuración se los iba a llevar por delante. Su celo fue tal que en algunos casos llegaron a cometer un delito. Todos pensaban que podían sobrevivir a una reestructuración necesaria, de la que hablaré dentro de unos cuantos párrafos.

Cuando tu economía entra en caída libre te da igual que el crédito que te hayan dado sea barato, lo tienes que devolver igual. Y eso es una muerte lenta o rápida en función de cómo te hundas y los intereses que te impongan. En nuestro caso fue rápida porque habíamos gastado ese dinero en consruir cosas que nadie quería y que no daban nada a cambio. Llegó la crisis y empezamos a barruntar qué hacer con ella. Y ahí fue cuando nos metimos en el circo en el que estamos. Un circo en el que ni políticos, ni economostas ni pitonisos parecen dar pie con bola.

Para poner más contexto, recordad que la crisis llegó tras bañarnos en dinero, lo que nos dio la sensación que la liquidez fluía de manera natural, del mismo modo que fluye el agua en un arroyo. Esto hace que en los márgenes crezcan tanto árboles, que dan sombra y fijan el suelo, como malas hierbas. España es un país donde la educación real es pésima, con un fracaso escolar escandaloso y con una educación secundaria que es el horror de los países civilizados. Y donde la educación superior tampoco es una maravilla, donde un montón de chavales se apelotonan en universidades públicas masificadas y difícilmente financiadas o que pagan por un título en una privada sin aprender prácticamente nada. Hay honrosísimas excepciones, pero no son estadísticamente relevantes. Esto ayuda a que uno consiga prosperar más fácilmente mediante el clientelismo y el tráfico de influencias que mediante el esfuerzo y el trabajo. Uno de los peores escándalos políticos de Alemania en los últimos años ha sido el del plagio de tesis doctorales por parte de altos cargos de la administración. Porque en Alemania, para ser político, cuenta y mucho tener un doctorado. En España aún no hemos conseguido elegir a un presidente del gobierno que hable más de un idioma. En consecuencia, esta red clientelar cuasicorrupta que tenemos enquistada es esencial para la subsistencia de una enorme cantidad de familias, algunas de ellas con mucha solera e históricamente adineradas. Florecen gracias a las administraciones que tenemos por cuadruplicado, que ahora ya no podemos mantener, y a los antiguos monopolios públicos que nunca se desprendieron del control político.

Para algunos parece claro que lo que necesita el país, independientemente de las crisis, es hacer por fin la transición de una sociedad posindustrial a una sociedad basada en la tecnología y el conocimiento, pero este ideal ha sido completamente barrido por la crisis. Es un cambio conceptual y su viabilidad implica un cambio de modelo de sociedad y de estado. No es sólo meter pasta y contratar científicos. Y hacerlo viable requiere sacrificios que muchos no están dispuestos a asumir. Si el 20% de la población se dedica al sector de la construcción, la democracia te dirá que es fantástico que un albañil cobre más que un ingeniero industrial. Así era nuestro país en 2006, y como colectivo no veíamos nada malo en ello. A pocos se les ocurrió que esto era una locura y que nos iba a llevar a la situación en la que estamos si no reestructurábamos partes esenciales de nuestro modelo productivo. Ahora algunos idealistas de izquierdas mencionan este cambio como si los albañiles pudieran ponerse a delinear planos con Catia de la noche a la mañana. Menciono la reestructuración por segunda vez, para seguir habando de la crisis.

No llegas a una crisis tan terrible si no se te junta todo. La crisis subprime afectó a todo el mundo, pero los bancos tienen mecanismos para subordinar las pérdidas y que la situación no derive en una tragedia. A nosotros se nos juntó con una economía puramente basada en el crédito que requiere poco trabajo cualificado (la construcción) y un nivel de gasto supérfluo (obra pública) enorme. Sumémosle una administración dividida y sobredimensionada con una capacidad innata a no ponerse de acuerdo y un sector industrial en eterna depresión. Eso es equivalente a bajarse los pantalones y pintarse una diana en el culo.

Entonces, cuando los países estaban en lo más duro de la reestructuración bancaria, la economía española se paró, elevando el paro hasta cotas históricas. Porque, desde hace 20 años, España jamás se ha caracterizado por su empleo cualificado, por muy buena reputación que tengan sus economistas e ingenieros fuera, el trabajador español es un commodity. Cualquier economista sabe que, cuando sube el paro, el gasto público aparece por el horizonte, y todos los inversores empezaron a sospechar que nuestra economía basada en el crédito no sería capaz de devolver el dinero, lo que hizo que nuestra prima de riesgo se disparara.

El resultado es un fallo colectivo, en el que no fuimos capaces de ver más allá de tener una casa enorme y un coche comprado a crédito, que es la ilusión del probre que quiere jugar a rico. Tampoco fuimos capaces de ver más allá de las IBEX con ansias de expansión internacional fuertemente subsididadas por dinero público que han sido incapaces de competir realmente, que es la ilusión del empresaurio que se cree un estadista.

Pero todo esto ya no tiene remedio. Ahora la crisis es una realidad y hay que encontrar la manera de que no se nos lleve por delante.

Para resumir las medidas anticrisis que se han tomado, primero hablaré de las dos medidas que se pueden tomar en teoría, por qué no se ha optado por ninguna de las dos, qué se ha hecho en la práctica y qué se nos pide que hagamos en el futuro. Os adelanto que de cambio de modelo productivo, nada de nada. Porque todos los gobiernos siempre basan sus políticas en crisis y medidas de urgencia.

Primero la famosa teoría "keynesiana", que dice que cuando el crecimiento económico se hace negativo uno debe aumentar el gasto y reducir los impuestos para reactivar la actividad económica. Esto se puede hacer de varias maneras: gastando el dinero que se tiene en caja, liquidando el estado, pidiendo crédito o imprimiendo más moneda.

La primera opción es imposible, porque nos hemos quedado sin un duro. Nos ha pasado porque hemos tenido que pagar el paro de un montón de gente, reestructurar nuestro sector financiero, arreglar los desaguisados de un montón de empresas eternamente subsidiadas... No hay dinero en caja.

He oído una alternativa por parte de muchos de los intelectuales más libertarios y los más ladeados a la izquierda (qué curioso que dos bandos opuestos coincidan en eso) que es lo de dejar quebrar a los bancos ruinosos. Asumir que todo lo que tienen es basura, echar a los empleados al paro y mandar a sus directivos a galeras. Esto es mala idea por muchos y diversos motivos, pero especialmente porque te expone a riesgos sistémicos incontrolables. Cuando tienes que rescatar un banco, sabes más o menos cuánto te va a costar. Cuando liquidas un banco sabes que desatarás una tormenta de la que desconoces completamente las consecuencias. ¿Os acordáis qué encendió la mecha de todo? La excesiva exposición a los riesgos sistémicos. Así que si nos ponemos a liquidar bancos nos iríamos paseando con una tea encendida por un polvorín. Te puede salir bien, pero si das un paso en falso te cepillas la economía del país sin remedio. ¿Acaso alguien espera que un político tome una decisión así?

Liquidar el estado es la medida preferida de quienes se verán directamente beneficiados por el chiringuito que es la administración pública. Ha pasado antes, y volverá a pasar. Las privatizaciones en España, como prácticamente en todo el mundo, se hacen beneficiando la red clientelar que orbita a los políticos de los partidos mayoritarios. Especialmente en un sistema bipartidista. Esto convierte un sistema que era barato para todo el mundo en un negocio para quienes reciben el regalo. Esto implica un sobrecoste para los ciudadanos de modo que esta medida es un espejismo, es equivalente a subir los impuestos e inyectarlos a base de subvenciones. De un modo pagas si estás enfermo, del otro todos pringamos con el IVA, o algo parecido. De un modo te sube la factura del agua y del otro te sube el tramo autonómico del IRPF. El hecho que no aumente los ingresos del estado es un espejismo, simplemente lo rodea para subvencionar a los amiguetes. El problema de esta medida es que, mientras uno siempre puede bajar los impuestos, para desprivatizar una empresa hay que pagarla otra vez a los amiguetes. Las redes clientelares ganan cuando hay dinero, y ganan también cuando no lo hay.

La otra manera de poder subir el gasto sin aumentar los ingresos es pidiendo más crédito, pero los intereses son siempre un problema de confianza, del mismo modo que el banco te da una hipoteca si se fía de ti. O por lo menos eso es lo que debería suceder. La deuda se mide en porcentaje del PIB, y los intereses no están correlados con la deuda en unidades de PIB. Países como Japón tienen deudas del 200% de su PIB, pero se financian a un interés relativamente bajo porque tienen un buen historial de pagos. España es el caso opuesto, con una deuda relativamente baja llegamos a pagar unos intereses monstruosos. Porque los intereses, al igual que las cotizaciones en bolsa, tienen que ver con el valor marginal de las cosas. Los intereses se ponen en función del riesgo que asumen para el último crédito que te dan, y en eso hay que tener en cuenta muchos factores. Entonces quienes dicen que se puede subir el gasto bajando los ingresos ignoran que los dos factores están acoplados por los intereses de la deuda. Y algunos de los que olvidan ese factor son Catedráticos de Economía (no veáis el vídeo entero, que es un desastre). Esta es, por ejemplo, una de las estrategias de EEUU para adoptar este tipo de medidas (muy a pesar de los republicanos), junto con la que viene ahora.

La cuarta estrategia es la de imprimir más moneda. Bueno, en realidad me refiero a cambiar la política monetaria. Es lo que hacen las economías cuando no crecen y tienen total soberanía financiera. Aqui tenéis una tabla con los tipos de interés a corto plazo que ofrecen distintos bancos centrales. Este es el tipo de interés mínimo, de modo que si hay mucha demanda, el tipo puede ser más alto. Depende de la cantidad de dinero que estés dispuesto a "crear". Cómo fijar este tipo de interés suscita guerras sangrantes entre expertos en política monetaria, porque aún se está discutiendo si este parámetro es capaz de cambiar la inflación o de ser un estímulo económico. El tipo de interés más bajo es el de Japón y EEUU. El de la zona euro es más alto, pero tampoco es ninguna locura. El de los países emergentes es alto, porque quieren controlar su inflación. La cuestión es que empezar a regalar dinero a los bancos creándolo de la nada y devaluando la moneda hace a todos los que poseen esa moneda más pobres inmediatamente, porque hay más moneda. Es una manera indirecta de financiar a los bancos, pero no te das cuenta porque tu saldo en tu cuenta corriente es exactamente el mismo. Pero cuando vas a la tienda ves que todo es más caro porque hay más dinero y cambia la relación entre dinero y riqueza. Bajar los tipos de interés, por ejemplo, aumenta la inflación. El problema es que los alemanes van a tolerar un tipo de interés al 0% por encima de su cadáver. Por este motivo el mandato del Banco Central Europeo es el de contener la inflación. Los ricos no quieren ser más pobres por ayudar a las economías más necesitadas porque argumentan que cada uno debe ser responsable de sus propios desastres. En cambio los americanos prefieren dar un trabajo a la gente aunque implique pagarles una miseria por ello. Su inflación durante la etapa más dura de la crisis subprime pasó del 5%, lo que es una auténtica monstruosidad para una economía del primer mundo. Simplemente estaban imprimiendo billetes como posesos. Alemania prefiere dar dinero a tocateja dejando que el BCE compre deuda española en el mercado secundario y pagar la factura a dejarnos tocar los interruptores de la política monetaria. Y lo entiendo.

Conclusión, que no se puede hacer así. De modo que, junto con el aumento de gasto, ha llegado un aumento en los impuestos. Prácticamente en todos. Las famosas medidas "keynesianas" no aplican a nuestro caso y punto. Dejad de soñar.

Luego estan las políticas llamadas de "austericidio", palabra de connotaciones negativas que hemos acuñado en España porque creemos que la austeridad nos la imponen sin que tengamos culpa de nada. La teoría es la de reducir el gasto, pagar las deudas, pasarlo mal unos años y reiniciar la economía a partir de las reformas necesarias para la reducción de gasto. Esto implica subir los impuestos, liberalizar el mercado de trabajo, reducir las pensiones y las subvenciones, bajar los sueldos públicos... Esto ha dado la sensación que lo que ha sucedido realmente es que el gasto público se ha reducido de manera práctica, ahogando la economía y destruyendo la sociedad española. Bueno, por lo menos esto es lo que dicen algunos.

Pero los responsables de esta cantinela no han hecho ni siquiera el ejercidio de comprobar si lo que dicen es verdad.


Source: tradingeconomics.com

Se ha recortado por un tubo, eso es verdad, pero no se ha reducido el gasto. Ha aumentado para seguir pagando el coste que implica tener un estado funcional. Y os recuerdo que en 2007 estábamos en teoría haciendo de faraones, levantando mausoleos sin parar. Además se han hecho cosas que también son en el fondo aumentar los gastos, aumentando el riesgo de las inversiones del estado, como lo de poner el dinero del fondo de reserva de pensiones en deuda del estado. Y el gasto ha crecido porque uno no quiere que haya una revolución, porque las revoluciones son un riesgo sistémico, son impredecibles, y por tercera vez os recuerdo por qué estamos en esta situación.

Conclusión, ni keynesiano ni austericídico. Hemos hecho lo que buenamente hemos podido, tarde y mal. Como siempre.

La pregunta en este momento de la crisis debería ser otra. Si la economía española va tan mal como para convertirse en un riesgo sistémico... ¿Por qué no nos rescatan y punto? De acuerdo, nosotros no podemos pagar la factura porque cuando lo hemos intentado se nos ha visto el plumero. Pero siendo un riesgo para Alemania, y pudiendo rescatar a bancos por lo mismo, podrían firmar un enorme cheque y listos.

El problema es que esto no resolvería ninguno de los problemas que nos han llevado a esta situación. ¿Os acordáis? Todo empezó porque llegó dinero regalado y se canalizó sin producir nada. Ahora llegaría y se perdería en las cloacas del estado, y con algo de suerte aliviaría la situación de quienes están pasándolo peor. Pero no hay ninguna garantía que no tiraríamos el dinero otra vez alicatando Almería con hoteles y chalés a primera línea de playa. Ya ha pasado y puede volver a pasar. Os recuerdo que tenemos muchos parados que lo único que saben hacer es constuir cosas. Incluso permitir todas estas aberraciones sería algo bien visto en tal situación de "emergencia nacional".

Si los que tienen el dinero ahora supieran que vamos a hacer algo de provecho con él lo harían encantados, porque entonces sería un buen negocio. Pero la prima de riesgo nos manda un mensaje diáfano que parece que no entendemos: no se fían de nosotros.

El tópico de estos años de que "hay que recuperar la confianza" es cierto, pero en un significado distinto del que le ha dado nuestro gobierno de derechas. Uno no genera confianza demostrando que puede tener mano dura ante los recortes. Creo que vamos, a pesar de los políticos, hacia un escenario de mayor confianza. Pero queda aún un trecho para llegar a niveles aceptables para una democracia occidental.

Lo primero es arrancar las malas hierbas. Uno de los principales indicadores para la inversión exterior es el nivel de corrupción institucional. En España ha sido históricamente muy alto y llega hasta las altas esferas de los partidos mayoritarios. El PP cobraba comisiones ilegales y el PSOE se repartía dinero de los fondos regionales al desempleo. Y todo esto sucedía porque nos daba igual, total el dinero fluía como agua por el arroyo. En eso vamos por el buen camino. Se ha dado un toque de atención a los partidos mayoritarios diciéndoles que su impunidad, por lo menos desde el punto de vista del votante, se está acabando. Incluso puede ser que empapelemos a un miembro de la familia real. Esto es un cambio de actitud hacia un mayor nivel de responsabilidad civil, que siempre es buena. Pero la responsabilidad no es necesariamente queja, uno necesita ciertos mecanismos funcionales para pedir responsabilidades. Empieza por la noción de que quien está robando al estado está robando a todos y termina con unos medios de comunicación capaces de denunciar casos por su gravedad y no en función del partido que apoye. Estamos lejos, pero más cerca de lo que hemos estado nunca.

Lo segundo es entender que todo este proceso implica enormes sacrificios. Nuestro modelo de crecimiento ha muerto. Es posible que ya no encontremos quien esté dispuesto a pagar la orgía de gasto en la que nos vimos metidos. Esto significa que un albañil de 45 años es posible que no vuelva a trabajar, por lo menos de albañil, nunca más. Incluso es probable que no vuelva a trabajar de nada si no se busca la vida de otra manera, se pira a Chile o Méjico. ¿Tenemos que buscarles trabajo de lo suyo cuando cientos de miles de jóvenes cualificados se piran para encontrar un futuro que les permita formar una familia? Que nadie me malinterprete, no hay que desamparar a nadie. No hay que condenarles a la indigencia y hay que pagarles un subsidio que les permita vivir dignamente si no pueden. Y toda la formación gratuita que deseen. Pero tampoco hay que crear una industria de la nada, subvencionarla para que sobreviva sin ser rentable y fingir que todo esto es sostenible. Porque cuando se hace esto, y os lo recuerdo por cuarta (he perdido la cuenta ya) vez, cada vez que se suelta pasta a montones hay malas hierbas que se forran a nuestra costa.

Aquí me gustaría mencionar a los revolucionarios que vienen con el pack de izquierdas: lucha obrera, industria nacionalizada y ateísmo. No entiendo cómo pueden ser ateos y creer que existe el Cielo de la utopía socialista en la Tierra. Su ideología es en sí un acto de fe. Cuando uno asimila que el ser humano no tiene ninguna trascendencia, lo que implica la capacidad de huír de la desesperación más absoluta, debería asimilar más fácilmente que la vida es simplemente injusta y que uno debe hacer sacrificios que no siempre son personalmente asumibles. Me parece una contradicción como la copa de un pino. A mi modo de ver, cada vez que agarran un megáfono y piden algo imposible dirigiéndose a los suyos, en realidad están rezando.

Sin querer estamos conviertiendo nuestra financiación en algo un poco más serio. Tened en cuenta que si ahora el presidente de la Comunidad Valenciana quisiera construir un estadio olímpico, ya no podrá ir a la CAM, o a Banco de Valencia para simplemente coger el dinero. Tendrá que negociar con el consejero delegado de Banc de Sabadell, o con el de La Caixa, que probablemente se reirán en su cara y le mandarán de vuelta a su casa. La financiación barata había convertido todo nuestro sector financiero en un circo, y está bien que las vacas flacas acaben con él. Por lo menos durante un tiempo.

De lo que estamos más lejos es de encontrar un sistema más meritocrático donde la educación y el trabajo estén por encima del arribismo, esencial para que un cambio de modelo de crecimiento sea viable. Esto es difícil porque significa desafiar siglos de inercia por la que no valoramos la educación. Sólo en este país he oído a jóvenes preguntándose si realmente merecía la pena estudiar. Que un universitario tenga que hacerse esta pregunta demuestra que un país se acerca a un fracaso colectivo. Estudiar debe ser mejor que no estudiar. Y trabajar debe ser mejor que no trabajar. Y este no ha sido nunca una cuestión de izquierdas contra derechas porque ninguna de las dos tendencias, después de más de diez reformas educativas, parece tener la más remota idea de qué significa la educación para ellos. Y no es sólo un problema del sistema bipartidista, cualquier otro partido lo haría igual de mal o peor. Porque uno realmente entiende para qué sirve estudiar cuando aterriza en una sociedad (no tiene por qué ser un país) más meritocrática. Y en muchos casos uno se queda ahí, porque la mera idea de volver a esta España endogámica y proteccionista produce un intenso escalofrío.

Cualquier solución que se me ocurre ante este problema es irrealizable o tendría efectos secundarios igual de nocivos. Tengo muy poca fe en que se produzca un cambio real en esto, tan poca que creo que sería mejor rezar que esperar a que suceda algún día. Y eso que soy agnóstico.

Hay que terminar la cultura de los subsidios a empresas. Uno puede subsidiar ciertos sectores por motivos estratégicos inviables como la agricultura, el desarrollo tecnológico o la producción de energía. Pero de esto se encarga quien tiene dinero, que es la Unión Europea. Subvencionar de manera prolongada una empresa la hace dependiente de la fuente de financiación, y cuando ésta desaparece, se lleva la empresa por delante. También llama mucho la atención a mangantes que atacan al gobierno con la música del "si no me lo pagas no lo voy a hacer, pero si me lo pagas crearé X puestos de trabajo para personal cualificado". Quizás un caso palmario de este caso es Gamesa. Esto no implica que esté en contra de las ayudas públicas porque sería ser idiota. Todos los paises tienen sectores estratégicos e invierte en ellos como colectivo. A nadie se le escapa que una empresa sin ningún tipo de ayuda tiene las de perder cuando la competencia recibe apoyo institucional. Y cuanto más grandes son las empresas, más dinero recibirán, como es el caso del sector aeronáutico. Un subsidio parece una mala idea, quizás un crédito parece mejor solución. Pongamos por ejemplo un crédito al 0%. Si la empresa pretende crecer a partir de ese crédito no tendrá ningún reparo en aceptarlo. Tampoco hay que devolver el dinero porque puede pedir otro crédito, si realmente ha crecido no tendrá problemas para seguir financiándose a un interés bajo.

Esto es lo que creo, y quiero vuestra opinión. Siempre prefiero estar equivocado a tener razón, que es muy aburrido.

Por guillem  |  jue 02 May 2013 18:45  |  6 Comentarios, Comentar...  | 

Marviernes

Música

No me voy de puente. Me quedaré tirando del carro, que buena falta hace.

Feeling Alright by Joe Cocker on Grooveshark
Por guillem  |  mar 30 Abr 2013 16:53  |  3 Comentarios, Comentar...  | 
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