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Raspberry Pi
Tecnología
Ya he empezado a hacer cosas con la Raspberry. De momento nada complicado: un par de interruptores hechos con transistores NPN para hacerle un shutter remoto a mi Canon. Es algo que podría haber hecho con una Arduino (también tengo una), pero con la Raspberry es más sencillo y directo.
Será más interesante cuando aprenda a mover motores paso a paso. De hecho, tengo ya uno en casa pero los de Conectrol me dieron el controlador equivocado. Me di cuenta después de pasarme un buen rato soldando como doce pines a una placa del tamaño de una moneda de cinco céntimos. La vida del ingeniero es muy dura.
Mi proyecto para la Raspberry es hacer un brazo robotizado para sujetar una cámara. Primero para poder hacer fotos hemisféricas de manera automática con Hugin, y cuando ya sepa más de control y posicionamiento de precisión, un soporte para telescopio.
Pero mis proyectos son lo de menos. Cuando cableaba todo en la breadboard, pinchando resistencias y diodos, recordé que todo esto ya lo había hecho en el colegio. Y no fue porque estuviera en ningún temario, realmente la asignatura de Electrotecnia tal como la cursé fue un invento de mi profesor de Física Lluís Xifra. Ahí nos tenía a todos jugando con diodos, resistencias y una pila de petaca cuatro voltios y medio. Recuerdo que la mía la terminé gastando dándome descargas de bajo voltaje en la lengua, y así me he quedado. Aquella fue una asignatura interesante, donde la teoría y la práctica se juntaban. Es algo que luego eché de menos en muchas asignaturas en la Universidad.
Los propios creadores de la Raspberry Pi reconocen que su voluntad es la de promover una segunda revolución de la microelectrónica en los colegios. Siempre mencionan el BBC Micro, un microordenador cuyo diseño se financió con fondos públicos. Muchos de los ingenieros que ahora pasan los cuarenta aprendieron de informática con cacharros de esos, mucho más sencillos y baratos que los posteriores PC. Era una época en la que los ordenadores tenían circuitos que uno podía ver y entender. Incluso yo mismo pasé muchas tardes con un MSX de mi hermana fabricado por Philips programando gráficos y sonido en BASIC. Ahora uso Python, así que no veáis qué mejora.
Pensando en mi propia experiencia, sería una lástima que una herramienta tan bien pensada no fuera aprovechada. Y lo valoro aún más porque es una herramienta de verdad, no un juguete. Del mismo modo que en el colegio usaba diodos y transistores de verdad y podía notar las descargas en la lengua. No es lo mismo que usar un kit de robótica de LEGO, que por muy bien hecho que esté no deja de ser un juguete. Uno no lo puede desarmar, reescribr, recablear... Del mismo modo que en el tiempo de los microordenadores ya había consolas de videojuegos.
Si consigo hacer proyectos interesantes, no estaría mal llevarlos a colegios. Seguro que inspiraría a muchos chavales para hacer algo en su vida a parte de sacarse un título que sólo les sirva para emigrar. Al final, el PIB de un país no crece gracias a hacer muros que uno debe derribar a la semana, sino construyendo cacharros que uno pueda vender por mucho más de lo que costó hacerlos.
Bola extra.
Y aunque los niños ahora jueguen con Minecraft
Yo pasé mis ratos haciendo algo parecido en LOGO
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Ingeniería
Ya he empezado a hacer cosas con la Raspberry. De momento nada complicado: un par de interruptores hechos con transistores NPN para hacerle un shutter remoto a mi Canon. Es algo que podría haber hecho con una Arduino (también tengo una), pero con la Raspberry es más sencillo y directo.
Será más interesante cuando aprenda a mover motores paso a paso. De hecho, tengo ya uno en casa pero los de Conectrol me dieron el controlador equivocado. Me di cuenta después de pasarme un buen rato soldando como doce pines a una placa del tamaño de una moneda de cinco céntimos. La vida del ingeniero es muy dura.
Mi proyecto para la Raspberry es hacer un brazo robotizado para sujetar una cámara. Primero para poder hacer fotos hemisféricas de manera automática con Hugin, y cuando ya sepa más de control y posicionamiento de precisión, un soporte para telescopio.
Pero mis proyectos son lo de menos. Cuando cableaba todo en la breadboard, pinchando resistencias y diodos, recordé que todo esto ya lo había hecho en el colegio. Y no fue porque estuviera en ningún temario, realmente la asignatura de Electrotecnia tal como la cursé fue un invento de mi profesor de Física Lluís Xifra. Ahí nos tenía a todos jugando con diodos, resistencias y una pila de petaca cuatro voltios y medio. Recuerdo que la mía la terminé gastando dándome descargas de bajo voltaje en la lengua, y así me he quedado. Aquella fue una asignatura interesante, donde la teoría y la práctica se juntaban. Es algo que luego eché de menos en muchas asignaturas en la Universidad.
Los propios creadores de la Raspberry Pi reconocen que su voluntad es la de promover una segunda revolución de la microelectrónica en los colegios. Siempre mencionan el BBC Micro, un microordenador cuyo diseño se financió con fondos públicos. Muchos de los ingenieros que ahora pasan los cuarenta aprendieron de informática con cacharros de esos, mucho más sencillos y baratos que los posteriores PC. Era una época en la que los ordenadores tenían circuitos que uno podía ver y entender. Incluso yo mismo pasé muchas tardes con un MSX de mi hermana fabricado por Philips programando gráficos y sonido en BASIC. Ahora uso Python, así que no veáis qué mejora.
Pensando en mi propia experiencia, sería una lástima que una herramienta tan bien pensada no fuera aprovechada. Y lo valoro aún más porque es una herramienta de verdad, no un juguete. Del mismo modo que en el colegio usaba diodos y transistores de verdad y podía notar las descargas en la lengua. No es lo mismo que usar un kit de robótica de LEGO, que por muy bien hecho que esté no deja de ser un juguete. Uno no lo puede desarmar, reescribr, recablear... Del mismo modo que en el tiempo de los microordenadores ya había consolas de videojuegos.
Si consigo hacer proyectos interesantes, no estaría mal llevarlos a colegios. Seguro que inspiraría a muchos chavales para hacer algo en su vida a parte de sacarse un título que sólo les sirva para emigrar. Al final, el PIB de un país no crece gracias a hacer muros que uno debe derribar a la semana, sino construyendo cacharros que uno pueda vender por mucho más de lo que costó hacerlos.
Bola extra.
Y aunque los niños ahora jueguen con Minecraft
Yo pasé mis ratos haciendo algo parecido en LOGO
